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jueves, 10 de enero de 2008

Imagínate un Perdón


Cañita era tullío, ese nombre áspero y vulgar que le damos a las personas que padecen discapacidades físicas. En el caso de Cañita él había sufrido de polio cuando niño y ambos pies estaban doblados hacia dentro, de tal manera que caminaba como si fuera un pingüino, además de que arrastraba los pies al andar. Debía tener la cachaza más gruesa del mundo, porque nunca usaba zapatos y parecía que no le dolía las piedras, ni el calor de la talvia, ni los vidrios, ni la arena, ni el lodo, ni el agua, ni nada. Nos burlábamos de él viniendo desde atrás para empujarlo, para decirle nombres sucios e insultos y hasta para hacerlo que se cayera. Cuando se caía al suelo salíamos corriendo a carcajadas, como burlándonos del mal ajeno. Un día cayó tan mal que se rompió un labio, comenzó a sangrar y empezó a llorar. Las lágrimas no nos hicieron parar, sino que comenzamos con el estribillo: "Cañita es un pende--, Cañita es un pen--jo, Cañita es un ---dejo." (sigue leyendo aquí)

sábado, 29 de diciembre de 2007

Imagínate un Dolor

Imagínate un dolor. Desgarrante. Inevitable. Imborrable. Imperecedero. El dolor que desea poder retroceder el tiempo, cambiar las coordenadas, alterar los movimientos, retomar los pasos y evitar con las fuerzas más poderosas del ser que la tragedia no hubiese ocurrido. A todo dolor le corresponde su frase "si tan sólo hubiera," pero el dolor es así, es humano, es natural, es inexorable. Cuando el dolor florece se crea una tragedia, pero también nos recordamos de nuestra humanidad, de su fragilidad, de su constante búsqueda de paz y de todo lo que sí podemos hacer para evitar el dolor, lo que llamamos "solidaridad." El dolor no lo podemos evitar, lo que sí podemos evitar es la apatía deshumanizante. Compartamos en el dolor, condenemos la apatía, promovamos la solidaridad.