jueves, 10 de enero de 2008

Imagínate un Perdón


Cañita era tullío, ese nombre áspero y vulgar que le damos a las personas que padecen discapacidades físicas. En el caso de Cañita él había sufrido de polio cuando niño y ambos pies estaban doblados hacia dentro, de tal manera que caminaba como si fuera un pingüino, además de que arrastraba los pies al andar. Debía tener la cachaza más gruesa del mundo, porque nunca usaba zapatos y parecía que no le dolía las piedras, ni el calor de la talvia, ni los vidrios, ni la arena, ni el lodo, ni el agua, ni nada. Nos burlábamos de él viniendo desde atrás para empujarlo, para decirle nombres sucios e insultos y hasta para hacerlo que se cayera. Cuando se caía al suelo salíamos corriendo a carcajadas, como burlándonos del mal ajeno. Un día cayó tan mal que se rompió un labio, comenzó a sangrar y empezó a llorar. Las lágrimas no nos hicieron parar, sino que comenzamos con el estribillo: "Cañita es un pende--, Cañita es un pen--jo, Cañita es un ---dejo." (sigue leyendo aquí)